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    La asombrosa historia de El Nieto Manuel, el enigma cordobés que no se parece a nadie

El artista de Puente Genil debuta con 'Canción del muerto', un "grito silencioso" a guitarra y voz que aparecerá en su primer EP

El Nieto Manuel


Por F E R N A N D O N E I R A

En sus largos años de repetidor en el instituto, una de tantas tardes de creatividad dispersa, a Manuel Navas le dio por recortar fotografías de sus cantantes favoritos para forrar el archivador de clase con un collage que, visto hoy, más parece un manifiesto fundacional. Desde aquel día, las siluetas de Ray Charles, Concha Buika con Pitingo, CeeLo Green, el cubano Bola de Nieve o su adorada Lauryn Hill acompañaron a aquel adolescente cordobés en sus no muy brillantes andanzas académicas. Parece difícil encontrar un punto de intersección entre artistas de tan diverso pelaje, así que acaso suceda que el mínimo común múltiplo de aquel mosaico variopinto sea el propio titular de la carpeta, un artista escurridizo a cualquier catalogación y alérgico a que le busquen parecidos. Quizá porque empiece a ser consciente de que su cántico emocionante, ensimismado y compungido no se asemeja del todo al de nadie.


El hombre que ha decidido presentarse al mundo bajo el epígrafe de El Nieto Manuel –un nombre artístico tan infrecuente y poco predecible como él mismo– nació en Puente Genil un sábado de agosto de 1991. Creció todo lo feliz que puede ser quien se siente y sabe diferente, acabó el bachillerato un par de años tarde (pero lo acabó), cursó Pedagogía en la Universidad de Granada para acallar la angustia paterna ("¡haz algo de provecho, hijo mío!"), se graduó a sabiendas de que jamás ejercería y acabó volviendo al pueblo y alquilando una nave para montar un taller de serigrafía artesanal y bordado que regentó durante ocho años y le daba su buen dinerito.



Porque han de saber que Manuel Navas, disperso y todo, es un tipo brillante. Con déficit de atención e hiperactividad "de caballo" desde bien chico, sí, pero creativo, inquieto y apañao. Personalizaba monos y uniformes de trabajo con el nombre de las empresas, diseñaba a la medida camisetas de todo pelaje, atendía por Instagram pedidos que le llegaban desde los rincones más insólitos, era avispado con el merchandising y a los pocos meses ya había ahorrado para una furgoneta. Pero le faltaba lo más importante. Soñar. Permitirse soñar. Justo lo que siempre le había repetido su abuela Concha, alias La Mima.



Y así llegamos al nudo mollar de esta historia, el que establece la íntima alianza entre Manuel y una mujer de 94 años con la que conserva un vínculo inexpugnable y junto a la que ha aprendido las lecciones más decisivas de la vida, esas que le han llevado a reivindicarla desde su propia hoja bautismal como artista. Porque fue Concha, la abuela Conchita, la que le confiaba desde chiquillo La malagueña de Irma Vilas, los bolerazos de Los Panchos, las rancheras del Trío Calaveras, la aflicción inigualable de Chavela Vargas (hay que ver lo que le gusta la música mexicana a doña Concha), las caricias románticas de don Antonio Machín. Y fue Conchita quien le confió, de bien pequeño, la frase más hermosa que han escuchado sus oídos: "¿Pero tú has visto qué bonito es cantar, Manuel? Esto es el mayor gozo para el alma".


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Por eso a Manuel le dio pronto por canturrear, pero sin permitirse aún soñar con la canción. Cantaba a todas horas y, cómo no, a los artistas más variopintos, pero siempre desde la impunidad del cuarto cerrado, desde el anonimato más radical. Tuvo que ser precisamente en una habitación, a las tantas de la madrugada y con algún que otro vinito enturbiándole el flujo sanguíneo, donde la voz de nuestro Nieto llegase a oídos ajenos. El privilegiado fue Mikel, uno de sus amigos del alma, otro de esos seres luminosos, sensibles, distintos. "Canta, hombre, Manuel, que ahora no te va a oír nadie", le insistió, envalentonado también por los efluvios de la bebida. Y Manuel se atrevió al fin a entonar Freeze my senses, una canción preciosa de un chavalillo parisino de sangre búlgara, Lionel Neykov, que acabó sirviendo en 2008 como sintonía televisiva para el Sorteo de Navidad. A la mañana siguiente, aún aturdidos pero más serenos, Mikel exclamó:

– Manuel, tú eres cantante. Si no lo aceptas, te estarás negando un una forma de vida.



A nadie extrañará que Mikel sea uno de los nombres que aparece en las dedicatorias de El Nieto Manuel, al que ahora escucharemos todos, al fin, gracias a Canción del muerto. Una pieza necesariamente muy triste, pero conmovedora, sobre la certeza más incómoda e inapelable que atenaza al ser humano desde el momento mismo en que puso el pie en la Tierra.



"No es exactamente que me preocupe morir", argumenta Manuel Navas, "pero de buen grado me quedaría de manera perenne en estos 35 años, en esta franja de edad tan idónea para reinventarte. Me desasosiega sobre todo la certeza de que un día mi abuela dejará de existir para siempre, y ese es un desgaste emocional que me lleva a no separarme de ella apenas, a seguir comiendo juntos todos los viernes, a compartir y saborear cada vermucito". Porque Conchita, la ya inolvidable yaya de esta peripecia insólita, anda como loca desde que sabe que a su Manuel lo han acabado fichando en Sony Music. Aunque, cosas de la edad y del deterioro cognitivo, El Nieto tiene que volver a explicárselo con todo lujo de detalles, una y otra vez, cada pocas semanas.

Canción del muerto nació, tres o cuatro años atrás, en la nave industrial que regentaba su firmante, ese espacio atípico con una reverberación casi catedralicia. Desde la primera escucha advertiremos en ella las señas de identidad de Manuel y de todo su EP de debut, siete canciones que conoceremos en su totalidad a finales de noviembre. Solo voz y guitarra: una garganta que alterna susurro y quejido; seis cuerdas de sonido tosco, rudo, a ratos ínfimo. Un arrebato silencioso, valga la paradoja. Porque El Niño Manuel, ya lo veníamos avisando, no se acaba de parecer a nada.



No es flamenco, qué va. "Yo no provengo de ahí. Es bello, pero ni siquiera distingo los palos", admite nuestro protagonista. Tampoco se aproxima a lo que cualquiera entendería como canción de autor, puesto que ese minimalismo áspero y personalísimo nos aleja de cualquier referente del gremio. Es, concluye El Nieto Manuel, "música sencilla con una guitarra", una definición irrefutable pero también incompleta. Porque no estamos acostumbrados a asociar sencillez y estremecimiento, y Manuel se ha propuesto sacudirnos las entrañas a cada momento. Aunque sus versos, ya lo iremos descubriendo, no sean siempre luctuosos.


Publicado el 23 octubre 2026

Contacto: 
info@guaumiauymas.com